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Pajas mentales

Mi Hembra

Hace algunos años tuve la inmensa suerte de ver un breve fragmento de aquella telenovela que en aquel momento estaba triunfando en televisión. Me refiero a Pasión de Gavilanes. Quiero remarcar que nunca antes había visto esa serie y que, después de ese dia, nunca más volvía a verla. Nunca me interesó su argumento y a día de hoy no tengo ni la más mínima idea de en qué podía consistir, pero en la corta escena que presencié aparecían dos jóvenes señoritas muy bien parecidas y con unos atuendos muy generosos. Estas dos jovenzuelas estaban teniendo una acalorada discusión cuya piedra angular era la frase “tú me has robado a mi macho”. ¿Tú me has robado a mi macho? ¿Acaso la serie estaba ambientada en el seno de una familia de monos guineos y no en la sociedad humana teóricamente civilizada? Entonces, si una de esas dos señoritas le había robado “su macho” a la otra, ¿qué le pasaría? ¿Ya no podría inseminarla y la ínclita estirpe de los monos guineos quedaría condenada a desaparecer de la faz de la tierra? No seré yo quien lo permita, y si es necesario, seré yo quien lleve a cabo la dura labor de inseminar a esa señorita tan bien parecida, aun a riesgo de que el resultado de nuestra cópula no sea un mono guineo de pura sangre, si no un mestizo de mono guineo y empollón literato, un ser muy extraño, casi extraterrestre, condenado a no ser aceptado ni por la sociedad de los monos guineos ni por la de los empollones literatos. Todo sea por que esa señorita tan bien parecida no tenga que resignarse a estar sin “su macho”. Pero una cosa muy importante, si me presto a ser el donante de esperma de la susodicha moza, tienen que dejar que lo deposite en su lugar correspondiente. Nada de botes ni recipientes extraños de plástico, que mi semilla es muy delicada y puede verse perjudicado con el contacto con esta clase de materiales.

Hagamos ahora un esfuerzo imaginativo y pensemos que esta situación está protagonizada por dos caballeros, también muy bien parecidos. En esta situación totalmente hipotética y que no tiene ningun punto en común con la realidad, uno de estos dos caballeros le diría al otro “tú me has robado a mi hembra” y en ese momento me hubiera venido a la mente la imagen de un corral en el que dos gallos se pelean por ser el macho dominante. ¿Cambia mucho la situación? En mi opinión, no demasiado. Los términos “macho” y “hembra” son utilizados generalmente en el ámbito de la zoología, y no creo que sea demasiado adecuado aplicarlo a seres humanos teóricamente civilizados. Por otra parte, recuerdo la Declaración Internacional de los Derechos Humanos, esa que recientemente ha cumplido 60 años y que, transcurrido todo este tiempo, parece más un panfleto humorístico que un documento que deba ser obedecido, igual que el artículo 47 de la Constitución Española de 1978 que dice, textualmente, que todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación, otra gran muestra de humor postmoderno. Bien, ¿por dónde íbamos? Ah sí, en ese documento, fruto de una mente demasiado idealista para la cantidad de hijos de puta que rondan por el mundo, dice algo como que los seres humanos ni se venden ni se compran, y por descontado no son propiedad de nadie para que puedan ser robados. ¿A dónde quiero llegar con todo esto? Es una buena pregunta. Anoche, cuando empecé a escribir esta entrada, lo tenía medianamente claro. Ahora no mucho. Por eso y también porque se me está acabando la batería del portátil la dejaré inconclusa como los cuentos de JRR Tolkien para que algún navegante accidental pueda añadir el final que le parezca, eso sí, con un poquito de criterio.

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Acerca de Franz S. Heiligen

Franz S. Heiligen, pseudónimo de Pako Santos, es licenciado en Filología Clásica por la Universitat de Barcelona. Escritor polifacético donde los haya, rara avis de nuestra fauna ibérica, sabe captar en sus escritos lo absurdo y mezquino de la vida con ese toque jocoso y sarcástico de quien se sabe al margen de la mediocridad de este siglo de las pocas luces. Percibimos en él la herencia de la mítica antigüedad grecolatina, de la que se sirve en su obra de manera espontánea, actualizándola. Pako Santos atenta contra el miope autocomplaciente, contra el maniatado a una realidad -la que intentan hacernos creer "demasiado bonita para ser cierta"-. Es, en definitiva, un joven talento por explotar (en el mejor sentido de la palabra) que ya es autor de un saber hacer propio e intransferible. Núria Alcolea

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