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Pajas mentales

Tractatus de infellationibus

Estimad@s amig@s, hace tiempo que pasea por mi mente un concepto que he estado intentando madurar en clase, en casa, incluso en el cuarto de baño. Todos los que hemos disfrutado alguna vez de las delicias de una película X en nuestras casas o en el bar de la esquina conoceremos el concepto de felación. Como algunas personas pensarán, esta clase de perversión, tan alejada del simple y aburrido misionero del sábado por la noche y con las sábanas entre medio, no es obra de los Beatles, en absoluto. Esto viene de mucho más lejos. Los antiguos romanos llamaban fellatio al acto de mamar, indiferentemente del lugar corporal o anatómico donde se produjera esta mamada. Como curiosidad añadiré que felación contiene la misma raíz semántica que felicidad, lo cual convierte a esta palabra en una de esas ironías que llenan de sentido nuestras vidas. Pues bien, añadiendo un simple prefijo a esta palabra, he conseguido gestar el concepto de infelación. Esto supondría un acto similar a la felación que un lactante realiza a su progenitora o a los trabajos lingüísticos que las parejas de amantes, de novios o de otros residuos de la sociedad se realizan mútuamente en el sagrado espacio de las entrepiernas de sus concubin@s. La diferencia fundamental estriba en ese prefijo -in, que indica que la felación se realiza por dentro, esto es, una felación interna. Para tal fin he desarrollado una amplia teoría sobre cada uno de los tipos de infelación existibles. Dependiendo del ángulo que formen los cuerpos implicados durante la susodicha infelación, ésta puede ser aguda, recta u obtusa. Si tomamos como punto de referencia las dimensiones corporales de los implicados, tendremos una infelación longitudinal, pero por el contrario, si estos se colocan en forma de cruz, darán lugar a una infelación transversal. De igual forma, si esta cruz no está perfectamente configugurada olos componentes de la misma estan en forma de arco, esta infelación se convierte en oblicua. La infelación coordinada es aquella en la que ambos (suponiendo que sólo sean dos) participantes tienen la misma importancia en su realización, pues de lo contrario tendríamos una infelación subordinada. La infelación yuxtapuesta o paratáctica es otra historia, pues en ella todos los participantes tienen que estar juntos, pero sin llegar a tocarse. El concepto de autoinfelación implica que un participlante se la aplica a sí mismo, aun a riesgo de que, en el momento de infelar su prepucio, su pucio o su postpucio, el interfecto parezca estar soplando una gaita de fol o su versión catalana, el sac de gemecs. Durante la Edad Media estuvieron muy de moda las infelaciones románica y gótica, pero fueron reemplazadas por la felación humanista, que coloca al ser humano como centro de las infelaciones del universo. Aún diré más. Si nos corremos aún más atrás en el tiempo, veremos las infelaciones platónicas como las infelaciones más ideales de toda la historia de las infelaciones.

Sea cual sea el tipo de infelación que resulte más satisfactoria a la multitud de aficionados a esta práctica (y el número sigue creciendo), yo insto desde mi tribuna popular a todo aquel que lea este modesto escrito a que añadan todos los tipos de infelaciones, ya sean cónicas o cúbicas, directas o indirectas, simples o múltiples. Hagamos entre todos una gran enciclopedia de las infelaciones o, como decían los antiguos, compendium de infellationibus. Me reservo para una próxima entrada de este bloc el derecho de hablar de las retroeyaculaciones, producidas en el momento de mayor placer de la infelación.

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Acerca de Franz S. Heiligen

Franz S. Heiligen, pseudónimo de Pako Santos, es licenciado en Filología Clásica por la Universitat de Barcelona. Escritor polifacético donde los haya, rara avis de nuestra fauna ibérica, sabe captar en sus escritos lo absurdo y mezquino de la vida con ese toque jocoso y sarcástico de quien se sabe al margen de la mediocridad de este siglo de las pocas luces. Percibimos en él la herencia de la mítica antigüedad grecolatina, de la que se sirve en su obra de manera espontánea, actualizándola. Pako Santos atenta contra el miope autocomplaciente, contra el maniatado a una realidad -la que intentan hacernos creer "demasiado bonita para ser cierta"-. Es, en definitiva, un joven talento por explotar (en el mejor sentido de la palabra) que ya es autor de un saber hacer propio e intransferible. Núria Alcolea

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