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Política

De tauris

Hace pocos días ha sido aprobada por el Parlamento de Catalunya una ley en virtud de la cual las corridas de toros serán ilegales a partir de 2012 en todo el territorio catalán. Un alud de opiniones se ha desprendido y ha hecho correr océanos enteros de tinta y palabrería, vacua algunas veces, por parte de algunos sectores.

Los sectores taurinos, enarbolando y haciendo suya la bandera de la tradición (o la del retrogradismo, que suele ser la misma) se golpean el pecho llorando por la pérdida de la fiesta nacional. Todos los que me conocen conocerán también lo que opino del concepto de nación, así que por esta parte está todo dicho. También usarán el típico argumento de “la fiesta ha existido siempre”, pero entonces, ¿qué es siempre? ¿Cien años, doscientos años? Y antes, ¿qué? ¿No existía el mundo antes de las corridas de toros? No, por ese camino vamos muy equivocados. Hace muchos años, mucho antes de que existiera la fiesta nacional e incluso antes de que existiera la propia nación, ya se celebraban espectáculos similares en recintos similares a las plazas de toros. ¿O acaso soy yo el único que ha encontrado un extraño y casual parecido entre las plazas de toros y los anfiteatros? Pues bien, esos espectáculos en los que solían luchar dos seres humanos y que generalmente acababan con la muerte de uno de ellos también dejaron de practicarse. ¿Pero por qué, si también se habían celebrado siempre? “¿No irás a comparar un toro con un ser humano?” me dirán. Pues en tanto que el toro y el ser humano son carne y huesos y sangran cuando se les clava algo, en ese aspecto y en lo que a mí respecta, sí que son iguales. Evidentemente un toro nunca diseñará la Sagrada Familia ni escribirá el Quijote, pero yo tampoco he dicho que seamos exactamente iguales. “En las corridas se enfrentan el toro y el torero cuerpo a cuerpo”. ¿Cuerpo a cuerpo? ¿Arponear a un animal y luego atravesarlo con una espada es “cuerpo a cuerpo”?

Por otra parte está esa hipocresía de ciertos políticos, una constante en casi todas las entradas que escribo. Para quien no lo sepa, la Comunidad Canaria prohibió las corridas de toros en 1991, y el principal valuarte de esta prohibición fue el diputado del PP Miguel Cabrera Pérez-Camacho. ¿Y ahora vienen estos señores defendiendo a ultranza el toreo?

Cierto es que, por mi forma de pensar, soy más cercano al pensamiento de los antitaurinos, pero, aun así, tengo algunas discrepancias en cuanto a su modo de proceder. Cierto es que la supresión de las corridas de toros supone para mí un paso importante en la evolución del hombre como especie, un paso que nos hace un poco más dignos del planeta en el que vivimos, pero tampoco veo en la prohibición la forma correcta de hacer las cosas. Después de haber prohibido la tauromaquia por ser un espectáculo sádico y sangriento, ¿quién dice que no se podrían prohibir otras cosas ciertos géneros musicales (concretamente los que me gustan a mí) porque enaltecen la violencia, desprecian la religión o porque inducen a los adolescentes a llevar a cabo conductas socialmente reprobables, como ya ocurrió a mediados de los 80, cuando se acusó a la banda Judas Priest de inducción al suicidio? No, la prohibición tampoco es la solución. ¿Cuál es? En mi opinión, todo este trabajo debería empezar en las escuelas, educando a los niños en el respeto a los animales (ya tendrán tiempo de volverse unos salvajes cuando crezcan), pero tampoco puedo ser imparcial en este aspecto por causa de mi trabajo, así que me abstendré de plantear soluciones al respecto.

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Acerca de Franz S. Heiligen

Franz S. Heiligen, pseudónimo de Pako Santos, es licenciado en Filología Clásica por la Universitat de Barcelona. Escritor polifacético donde los haya, rara avis de nuestra fauna ibérica, sabe captar en sus escritos lo absurdo y mezquino de la vida con ese toque jocoso y sarcástico de quien se sabe al margen de la mediocridad de este siglo de las pocas luces. Percibimos en él la herencia de la mítica antigüedad grecolatina, de la que se sirve en su obra de manera espontánea, actualizándola. Pako Santos atenta contra el miope autocomplaciente, contra el maniatado a una realidad -la que intentan hacernos creer "demasiado bonita para ser cierta"-. Es, en definitiva, un joven talento por explotar (en el mejor sentido de la palabra) que ya es autor de un saber hacer propio e intransferible. Núria Alcolea

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