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Antropología básica

Cómo usar Loquendo

Queridos amigos, locuenderos del mundo, hoy quiero explicaros cómo hay que hacer para que un texto escrito con locuendo sea comprensible a los oídos de un cibervisitante de Youtube de nivel cultural medio. Supongo que todos vosotros habéis escuchado alguna vez alguno de esos vídeos en los que esta misma voz informática, insensible y desangelada, explica o argumenta el profundo desprecio que siente por la tribu urbana rival, compara sin el más mínimo àpice de objetividad dos géneros musicales o simplemente cuenta un par de chistes malos, y en su argumentación, en medio de algunas palabras, se producen extraños ruidos lejanamente similares a voces en lengua vernácula. O quizá hayas escuchado palabras correctas pero desencadenadas en una anarquía de vocablos totalmente desorganizados. Para tratar de solucionar estos problemas, hoy voy a dar las claves para que un discurso sea correcto y totalmente comunicativo.

Punto uno. Los signos de puntuación existen. Veamos qué pasaría si a un famoso fragmento de la literatura universal le quitáramos todos los signos de puntuación.

No es verdad ángel de amor que en esta apartada orilla más pura la luna brilla y se respira mejor Esta aura que vaga llena de los sencillos olores de las campesinas flores que brota esa orilla amena esa agua limpia y serena que atraviesa sin temor la barca del pescador que espera cantando al día no es cierto paloma mía que están respirando amor. Inaceptable, ¿verdad? Así pues, para evitar esta sobrecarga de palabrejas que únicamente servirían para dejar sin respiración al ser humano con mayor capacidad pulmonar del mundo, lo único que tenemos que hacer es puntuar el texto correctamente, poniendo punto al final de cada frase y comas en las enumeraciones, para separar miembros equivalentes en un mismo enunciado, en apelaciones, en aposiciones, etcétera.

Punto dos. El acento es nuestro amigo. En la mayoría de textos, con locuendo o sin él, se cometen errores del tipo Juancho marco tres goles. Esto se solucionaría si aquellos que publican estos contenidos supieran cuáles son las reglas de acentuación en castellano. Y si supieran estas reglas, sabrían escribir correctamente que Juancho marcó tres goles. ¿Notamos la diferencia?

Punto tres. Las palabrotas son una importante parte de nuestra lengua, pero hay que saber dosificarlas. ¿Cómo se puede empezar un discurso diciendo “hola cabrones”? Y aún diré más. Cuando hay demasiada aglomeración de palabras malsonantes en una argumentación, algo como vete a tomar por el culo con tu puta madre hijo de la grandísima puta joder, la saturación de insultos hace que estos pierdan su finalidad, ya sea cómica o simplemente apelativa. Por tanto, usaremos las palabras malsonantes de una forma coherente y nada abusiva. Una cosa más, en el ejemplo anterior, que no repetiré, la palabra joder funciona como interjección y no como mero insulto, por lo que la separaremos del resto de la frase mediante una coma (véase punto uno). Así se hace, joder.

Punto cuatro. Los emoticonos y las onomatopeyas sobran. Pero ¿qué clase de cazúrro escribe emoticonos en un discurso oral? ¿Estamos tontos? ¿Acaso se piensan que por la pantalla del ordenador saldrá una cara sonriente cuando en el texto ponga xd? Creo que la base para solucionar este problema reside en saber diferenciar lo que es una simple conversación del Mésenller, donde los emoticonos tienen su lugar y su función, de lo que es un texto formal cuyo objetivo es ser leído o escuchado por cualquier persona del mundo. Hagamos las cosas bien. ¿Seríamos capaces de escribir un texto sin que a cada palabra aparezca el susodicho xd o una retahíla de jajajajajajajajajajajajajaja interminable y casi extraterrestre?

Bien, queridos amigos, estos son mis consejos para que los locuenderos y las locuendéras del mundo sean capaces de escribir textos con un mínimo de decencia. Sin ánimo de ofender, hay cosas por ahí que realmente hacen daño al oído. Muchas gracias.

Y aquí dejo la versión en vídeo con voz de Loquendo para que podáis comprobar los resultados.

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Acerca de Franz S. Heiligen

Franz S. Heiligen, pseudónimo de Pako Santos, es licenciado en Filología Clásica por la Universitat de Barcelona. Escritor polifacético donde los haya, rara avis de nuestra fauna ibérica, sabe captar en sus escritos lo absurdo y mezquino de la vida con ese toque jocoso y sarcástico de quien se sabe al margen de la mediocridad de este siglo de las pocas luces. Percibimos en él la herencia de la mítica antigüedad grecolatina, de la que se sirve en su obra de manera espontánea, actualizándola. Pako Santos atenta contra el miope autocomplaciente, contra el maniatado a una realidad -la que intentan hacernos creer "demasiado bonita para ser cierta"-. Es, en definitiva, un joven talento por explotar (en el mejor sentido de la palabra) que ya es autor de un saber hacer propio e intransferible. Núria Alcolea

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