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cine, Pajas mentales

La Resistencia

El otro día vi, por pura curiosidad, la película Desafío Total 2012 (sí, con casi dos años de retraso), remake de la película homónima de 1990 (sí, aún tengo pendiente escribir una entrada sobre la originalidad del cine norteamericano). Como película en sí, y después de que me lo hayan confirmado algunos entendidos en la materia que escriben sobre ella en internet (como este), es un soberano truño, es decir, una de esas películas de escasa historia, con personajes planos, y únicamente fundamentadas en el pastonazo que sus productores dedicaron a los efectos especiales.
A lo que voy, si bien esta película ha pasado sin pena ni gloria por el disco duro de mi ordenador (tardé microsegundos en borrarla después de la aparición de las primeras líneas de los créditos finales) hay un aspecto que no me pasó inadvertido. Digamos que esta cinta fue la gota que hizo que mis pensamientos más paranoides salieran a flote. Me explicaré.
En los últimos tiempos, tiempos complicados para la mayoría de los mortales, y no me refiero a los últimos dos o tres años, han surgido una serie de películas con un elemento común: Una organización pseudomilitar que lucha contra un poder imperialista y totalitario, esto es, una resistencia. Podríamos hablar largo y tendido sobre el origen francés del término, sobre los nazis, etcétera, pero por ese camino no llegaríamos a ningún lugar. Por tanto, lo primero será enumerar unas cuantas películas modernas que tienen en común este elemento.
Las primeras que podemos nombrar serían Terminator o The Faculty. La primera de ellas parte de la base de una futura invasión de la Tierra por parte de las máquinas, las computadoras… lo que da lugar al surgimiento de un grupo de resistencia de los humanos frente al dominio de las máquinas (cf. Matrix). Por su parte, The Faculty supondría el enésimo re re re re re (infinitos res) remake cinematográfico de la novela La invasión de los ladrones de cuerpos del estadounidense Jack Finney. Entre las innumerables revisiones de este tópico literario, además de la mencionada The Faculty y de todas las películas homónimas a la novela, también podríamos nombrar Invasión o la versión española y en clave de humor Mucha sangre. Todas estas películas que giran en torno al mismo motivo, la resistencia frente a un poder deshumanizador de la sociedad, un poder que convierte a los seres humanos en zombies o en esclavos, no sería más que el toque de alerta por parte de un escritor (no olvidemos) estadounidense de las catástrofes sociales y humanas que supondría la instauración de una sociedad comunista.
Dejando de lado este dato que, cuanto menos, me resultaba curioso, podemos encontrar grupos de resistencia más de la tipología que aparece en los citados Desafíos totales en películas como Serenity. Si en los Desafíos totales “la resistencia” se opone a un poder totalitario encarnado en la figura del gobernador Vilos Cohaagen, en Serenity los protagonistas son un grupo de excombatientes del bando perdedor/secesionista/separatista/independentista/llámalocomotesalgadeloscoj… de una guerra civil galáctica.
Por otra parte, me consta (porque me consta) que en las diversas mitologías que han abastecido a la cultura europea abundan los mitos en los cuales uno o varios niños son abandonados nada más nacer. A tal tipología pertenecerían mitos tan conocidos como los de Edipo en Grecia, Rómulo y Remo en Roma o  Moisés en Oriente Medio. Estos mitos tienen una función social en las culturas a las que pertenecen, y esta función sería proporcionar una esperanza (totalmente vana, todo sea dicho) de supervivencia a unas familias en un mundo en el que los abandonos de niños eran bastante frecuentes. Dicho de otra forma, las familias que en la Antigüedad se veían obligadas a abandonar a sus hijos tenían la vana esperanza, gracias a estos mitos, de verlos algún día convertidos en importantes príncipes fundadores de una importante estirpe.
Sin salir del ámbito de la cultura clásica, también será necesario decir que los antiguos griegos no acudían al teatro como mero entreteniento, tal como se hace en la actualidad, sino como acto de catarsis, esto es, como expiación de los propios pecados, expiación basada en la observación de las conductas de aquellos que quisieron pasar los límites de lo que nos corresponde a los simples humanos.
No quisiera avanzar más en esta paranoia sin nombrar a 1984 de George Orwell, una novela que fue concebida como crítica a la Rusia de Stalin y en la cual la resistencia es el medio empleado por el propio gobierno para atrapar a los disidentes. Supongo que no hará falta hacer mención de esas curiosas coincidencias entre la obra de Orwell y la cruda realidad.
Una vez dados todos estos datos, formularé la pregunta que me vino a la cabeza acabado el visionado de Desafío Total. ¿Por qué la industria cinematográfica norteamericana, una industria controlada por los grandes poderes económicos, esto es, por corporaciones de marcadas tendencias conservadoras, repiten hasta la saciedad en sus producciones el mismo esquema basado en el grupillo de idealistas que consiguen vencer al poder totalitario, sabiendo que esas corporaciones son cercanas al poder totalitario real que domina la economía y, por tanto, las vidas de muchas personas en el mundo y que la victoria sobre ese poder totalitario a día de hoy no pasa de ser la ilusión de algún desequilibrado?
Pues bien, aquí llega el momento de expresar mis paranoias. ¿Esas películas no podrían tener la función social de dar esperanzas vacías a un pueblo aplastado bajo la bota de un totalitarismo encubierto? ¿No tendrían una finalidad catártica inversa en el momento en que presentan conductas que a la mayoría de los humanos les gustaría seguir pero que jamás seguirán? ¿O tal vez sirven para que sus espectadores se sientan durante un par de horas parte de una resistencia ficticia y de esa forma nunca formen parte de una resistencia real? Ahí lo dejo.
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Acerca de Franz S. Heiligen

Franz S. Heiligen, pseudónimo de Pako Santos, es licenciado en Filología Clásica por la Universitat de Barcelona. Escritor polifacético donde los haya, rara avis de nuestra fauna ibérica, sabe captar en sus escritos lo absurdo y mezquino de la vida con ese toque jocoso y sarcástico de quien se sabe al margen de la mediocridad de este siglo de las pocas luces. Percibimos en él la herencia de la mítica antigüedad grecolatina, de la que se sirve en su obra de manera espontánea, actualizándola. Pako Santos atenta contra el miope autocomplaciente, contra el maniatado a una realidad -la que intentan hacernos creer "demasiado bonita para ser cierta"-. Es, en definitiva, un joven talento por explotar (en el mejor sentido de la palabra) que ya es autor de un saber hacer propio e intransferible. Núria Alcolea

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