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cine, Literatura

Querido señor Grey

Querido señor Grey:

Aprovecho la ocasión de su paso a la gran pantalla para felicitarle por su enorme éxito, pero tengo que decirle que no me gusta. No me gusta usted un pelo. Much@s me podrán criticar que no he leído su historia con la señorita Steele, o que no he visto las consecuentes películas, pero tampoco necesito hacerlo para opinar que usted representa todo lo que yo más odio en una persona.

En primer lugar, desde el punto de vista literario, para ser el personaje de una historia de ficción verosímil, es usted un personaje muy poco creíble. Es poco creíble que nadie se haya hecho multimillonario por méritos propios antes de los treinta. Pero lo que me resulta aún menos creíble es que un personaje que es multimillonario antes de cumplir los treinta sea tan sumamente encantador, educado…

Dejando de lado cuestiones triviales y tal vez demasiado puntillosas por parte de alguien que ya lleva unas cuantas horas de vuelo, encuentro que es una cosa muy fea el querer firmar un contrato con la mujer a la que, por lo menos en teoría, usted ama (1). Por no decir que lo más feo de todo es que ese contrato es un contrato de sumisión. ¿Tan alto (o tan bajo) concepto tiene de usted mismo que merece (o necesita) que su pareja firme un contrato? Si tanto le gusta firmar contratos, fírmelos con las empresas que adquiere a golpe de su flamante talonario o con sumisas “profesionales”, pero no con su pareja. Créame que el mundo se lo agradecerá.

Su historia ha vendido mucho, señor Grey, ha vendido unos treinta y un millones de copias en treinta y siete países diferentes. Le felicito por ello. No obstante, lo que me preocupa es el ejemplo que está usted dando a sus lectores. Les está usted diciendo que el éxito consiste en una abultada cuenta bancaria, en una amplia colección de trajes caros, en coches, aviones, helicópteros… Dígame, señor Grey, ¿todos esos bienes le han servido para llenar su vacío interior? Entonces, ¿por qué recurre a relaciones que rozan el maltrato (consentido, sí, pero no por eso menos maltrato) hacia esa mujer que dice amar?

Sí, claro, usted no tiene la culpa de nada. Fue usted un niño maltratado. Tuvo usted una infancia dura. Eso lo excusa todo, ¿verdad?

¿Y qué decir de su queridísima Anastasia Steele? Una mujer hecha y derecha que se deja impresionar por toda esa pomposidad, todo ese lujo y todo ese encanto vacío que usted exhibe, una mujer que accede a ser la sumisa de un niñato caprichoso y podrido de millones es justamente la mujer que quiero mantener lejos de mí. Esa es la diferencia entre ustedes dos y yo. Yo no quiero ser amo ni sumiso, tan sólo compañero de penas y alegrías, apoyo y sustento, no jefe ni señor de nada ni de nadie.

¿Sabe usted, señor Grey, lo que pasó el 25 de marzo de 1911 en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York? ¿Sabe usted quiénes fueron Simone de Beauvoir, Mary Wollstonecraft o Sarmiza Bilcescu, entre muchísimas otras? ¿De qué han servido sus esfuerzos, sus trabajos y sus muertes? ¿Para qué se han dedicado ellas y tantas otras a derribar barreras que hasta entonces parecían indestructibles? ¿Para que venga usted con sus aires de gran señor y acabe de un plumazo con trescientos años de luchas?

¿Pero sabe usted qué es lo que más me molesta de todo? Lo que más me molesta es que la persona de cuya cabeza ha salido usted, su historia y todo su mundo, la persona que ha contribuido notablemente a acabar con cualquier atisbo de igualdad conseguido en los últimos tres siglos, es una mujer.

Sí, también pueden decirme que lo que yo siento es envidia, por su éxito con las mujeres, por su increíble atractivo, incluso por el éxito literario de su autora, y puede que tengan razón, pero, señor Grey, yo se muy bien quién soy, qué tipo de relaciones quiero tener con quienes me rodean y qué es lo que no me gusta. No me gustan los valores que usted encarna. No me gusta que ejerza un total control y y dominio sobre una mujer y pretenda llamarle a eso amor. En definitiva, señor Grey, lo que no me gusta es usted.

(1) Quisiera hacer una rectificación. Pero antes, me gustaría reiterar que ni he leído ningún libro de esta saga, ni he visto la película, ni tengo la menor intención de hacerlo (por una mera cuestión de convicciones personales), por lo cual esta es la opinión de un completo ignorante, y como completo ignorante que soy, no puedo menos que pedir disculpas a todas las personas que hayan podido sentirse ofendidas por causa de mi profunda ignorancia. Aclaremos entonces que, tal como he recibido por diversos medios, Christian Grey no ama a Anastasia Steele en el momento de la firma del contrato, sino que se enamora de ella después. Bien, en tal caso la situación pasaría de tratar como a una puta a la mujer amada a tratar como a una puta a una recién conocida. Queda, pues, exento de culpa el caballero del helicóptero.

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Acerca de Franz S. Heiligen

Franz S. Heiligen, pseudónimo de Pako Santos, es licenciado en Filología Clásica por la Universitat de Barcelona. Escritor polifacético donde los haya, rara avis de nuestra fauna ibérica, sabe captar en sus escritos lo absurdo y mezquino de la vida con ese toque jocoso y sarcástico de quien se sabe al margen de la mediocridad de este siglo de las pocas luces. Percibimos en él la herencia de la mítica antigüedad grecolatina, de la que se sirve en su obra de manera espontánea, actualizándola. Pako Santos atenta contra el miope autocomplaciente, contra el maniatado a una realidad -la que intentan hacernos creer "demasiado bonita para ser cierta"-. Es, en definitiva, un joven talento por explotar (en el mejor sentido de la palabra) que ya es autor de un saber hacer propio e intransferible. Núria Alcolea

Comentarios

2 comentarios en “Querido señor Grey

  1. Buenísimo.

    Me gusta

    Publicado por Administrador | 12 marzo, 2015, 22:13

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  1. Pingback: Mirando al pasado | The Heiligen Chronicles - 14 noviembre, 2016

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