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Antropología avanzada, Política

Libertad

Cuando oigo a uno de esos fascistas de mierda políticos que con su envidiable don de palabra defienden a capa y espada la libertad, no siento más que unas irrefrenables ganas de vomitar. Es como si Farruquito se pusiera a dar clases de conducción responsable, una contradicción en sí misma. Cierto es que su éxito se ha basado en hacernos creer (algun@s aún se lo creen) que únicamente dos partidos pueden ser los que gobiernen, en dejar por los suelos el nivel intelectual de toda una generación, reforma tras reforma (y a cuál más lamentable, lo digo con conocimiento del asunto). Pero la entrada de hoy no girará en torno a reformas educativas ni a discursos engañosos. Hoy quisiera meditar sobre el concepto de libertad. Primer paso, consultar el diccionario de la Real Academia Española.

libertad (del latín libertas, -atis)

  1. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.
  2. Estado o condición de quien no es esclavo.
  3. Estado de quien no está preso.
  4. Falta de sujeción y subordinación. A los jóvenes los pierde la libertad.
  5. Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres.

Hasta aquí es suficiente. El resto de acepciones que nos da la RAE se pierden en conceptos algo más complicados que no aportan nada al propósito de este artículo. En primer lugar, quisiera comentar la quinta definición, que aparece unas líneas más arriba. La libertad es una facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas. Por lo tanto, la siguiente pregunta que debería llegarnos a la cabeza es: ¿Es esta una nación bien gobernada? Dependiendo de la respuesta, podremos dilucidar el grado de libertad del que disfrutamos. En esta quinta acepción también podríamos cuestionar a qué se refiere el académico de turno cuando se refiere a las buenas costumbres. Y si, según esta quinta acepción, la libertad consiste en poder hacer y decir lo que queramos siempre y cuando no se oponga a las leyes, ¿significa esto que no tengo la libertad de decir que, en la actualidad, la Constitución Española no es más que un panfleto al cual nuestros dirigentes se aferran únicamente cuando les interesa? Para acabar con esta quinta acepción, no puedo dejar de añadir que decir que este país es un país bien gobernado, tal como están las cosas, es mucho decir, y que, en el momento en que la recientemente aprobada Ley Mordaza (pasado viernes 29 de marzo, viernes de Dolores, curiosamente) muchas cosas que antes no eran delito ahora sí que lo son, la quinta acepción pierde por completo cualquier clase de validez.

La cuarta de las acepciones, la que alude a la falta de sujeción y subordinación, es lo que yo entendería como libertad mal entendida o sobredosis de Sálvame. Mejor me explico con un ejemplo. Hoy en día, mucha gente, de la misma forma que confunde la autenticidad con la falta de educación, también confunde la libertad con el poder molestar a los demás aferrándose a esa supuesta libertad.

“Yo soy así, no puedo callarme lo que pienso.”

“Yo soy libre y hago lo que me da la gana.”

En tales casos, podemos sustituir el adverbio así y el adjetivo libre por una palabra que definiría mucho mejor a los hipotéticos autores de estas frases, esto es, “yo soy gilipollas”.

En lo que se refiere a la tercera y segunda acepción, para definir bien el concepto de libertad, deberíamos aclarar qué es exactamente ser preso o ser esclavo. Sí, oficialmente la esclavitud fue abolida hace doscientos años, pero ¿cuál es la situación actual de la mayor parte de la población? ¿Pasarte la vida trabajando de sol a sol para poder dar todo tu sueldo a un banco para poder pagar una casa que nunca vas a disfrutar porque siempre estarás trabajando y no tener nunca la posibilidad de ahorrar unos pocos euros y mucho menos la de poder progresar en tu vida, de forma que tanto tú como tus descendientes estaréis condenados a una vida de miseria por toda la eternidad no sería algo similar a una vida de esclavitud? Sí, vamos derechos (si no lo estamos ya) hacia una sociedad de castas. Bien por el establishment, lo están haciendo de puta madre.

Llegamos finalmente a la primera acepción, que hace referencia a eso que llamamos libre albedrío y a la responsabilidad que conlleva su ejercicio. Por tanto, llegados a este punto, la discusión se centraría en hasta qué punto las personas se hacen responsables de sus actos.

Entonces, ¿en qué consiste la libertad? ¿Tal vez en ir de aquí a la esquina sin que te peguen un navajazo? Yo a eso le llamaría más bien seguridad. ¿Dónde reside, pues, la verdadera libertad? ¿Cuál es el sitio en el que nada ni nadie puede (o debería no poder) entrar? Ese sitio se llama cerebro, y, por mucho que los medios de comunicación, la propaganda oficial y los lamentables programas educativos que convierten a nuestra sociedad en una sociedad de cuasi-animales quieran condicionarlo (con bastante éxito), este es el único reducto de intimidad y de libertad que le queda al ser humano. Y siendo así, lo único que cada uno puede (y tiene la obligación moral de) hacer es intentar conservar ese reducto de libertad en condiciones.

Mi hermano tiene su espada, el rey Robert tiene su maza, y yo tengo mi mente. Pero una mente necesita de los libros igual que una espada de una piedra de amolar, para conservar el filo.

Tyrion Lannister a Jon Nieve en Juego de Tronos,por George R.R. Martin

No quisiera acabar esta entrada sin hacer mención de doña Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, condesa consorte de Bornos y grande de España, defensora a ultranza de la educación privada. Está claro. Cada familia es muy libre de elegir en qué colegio estudian sus hijos, pero, partiendo de la base de que hay colegios de todos los precios y que no todos pueden pagar lo que les gustaría, esta defensa de la libertad no es más que un flagrante acto de ese cinismo tan propio de los de su ralea. Que sean todos los colegios iguales en precio, o mejor, que sean todos gratuitos. Entonces si que habrá completa libertad.

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Acerca de Franz S. Heiligen

Franz S. Heiligen, pseudónimo de Pako Santos, es licenciado en Filología Clásica por la Universitat de Barcelona. Escritor polifacético donde los haya, rara avis de nuestra fauna ibérica, sabe captar en sus escritos lo absurdo y mezquino de la vida con ese toque jocoso y sarcástico de quien se sabe al margen de la mediocridad de este siglo de las pocas luces. Percibimos en él la herencia de la mítica antigüedad grecolatina, de la que se sirve en su obra de manera espontánea, actualizándola. Pako Santos atenta contra el miope autocomplaciente, contra el maniatado a una realidad -la que intentan hacernos creer "demasiado bonita para ser cierta"-. Es, en definitiva, un joven talento por explotar (en el mejor sentido de la palabra) que ya es autor de un saber hacer propio e intransferible. Núria Alcolea

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