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Literatura, Música, Política

Internet y la democratización de nosequé

Según el dogma más aceptado en la actualidad, la llegada de Internet a nuestras vidas ha supuesto una revolución en cuanto a la transmisión de la información. Sí, ahora disponemos de todo un universo de herramientas de expresión, de puntos de vista. Negar que Internet ha dado voz a los que antes no la teníamos sería como negar que dos y dos son cuatro, pero llamar democratización a este hecho es un grave error, tal vez inducido, que produce en la gran masa una falsa sensación de protagonismo o de notoriedad. Pero no nos engañemos. Esta supuesta democratización no es más que un espejismo. Pongamos ejemplos sin hablar de este mismo blog que estás leyendo en este preciso momento, aunque podría ejemplificar bastante bien lo que pretendo decir en esta entrada.

Si hablamos de información seria, de opiniones contrastadas, gracias a Internet disponemos de todo un abanico de fuentes mucho más fiables y escritas por personas de sobras mucho más capacitadas que quien firma estas líneas. Entre estos podríamos destacar El Robot Pescador o Rebelión, pero seguro que podríamos citar miles de sitios web de contenido informativo de gran fiabilidad. Sin embargo, ante tal alud de oferta informativa, ¿cuáles son los medios que acaban teniendo mayor difusión? La respuesta es fácil: Los que tienen capacidad económica suficiente como para poder invertir en publicidad, es decir, los mismos de siempre, los que sirven a los intereses de las grandes corporaciones. Dicho con un lenguaje más mundano, en la actualidad hay tantísimo de todo que los únicos que salen ganando son los mismos de siempre.

Si pasamos al mundo de las disciplinas artísticas, tales como la literatura o la música (para bien o para mal son las disciplinas de las que puedo hablar), la llegada de Internet ha propiciado la aparición del fenómeno conocido como crowdfunding o micromecenazgo. No hablaremos de los promotores tradicionales. Estos jamás apostarán por algo novedoso, tan sólo por lo que “funciona”, que es la misma mierda de siempre. Bien, en una de esas plataformas de micromecenazgo se dice, textualmente, que el micromecenazgo es una forma democrática para dar apoyo a las necesidades de recaudación de fondos de su comunidad. Esto me recuerda a aquella ocasión, hace algunos años, cuando un servidor tocaba la batería en Travesía, y participamos en un concurso de bandas. En este concurso, el criterio para seleccionar al ganador consistía en medir, de alguna forma, los aplausos recibidos por cada participante. Esto, a priori, puede parecer muy democrático, sí, pero al final la banda que más aplausos recibía era la que más “amigos” llevaba al concurso. Sumando a esto el hecho de que cada espectador pagaba una entrada, el criterio de calidad queda totalmente descartado para ser substituido por el criterio económico. Esto, aplicado a una campaña de micromecenazgo, supondría que tan sólo tendrían éxito aquellos proyectos que contaran con un gran apoyo social (impulsados por alguien que tenga muchos amigos dispuestos a poner dinero) o promovidos con una campaña publicitaria, con lo cual volvemos a la misma discusión de siempre.

No quisiera acabar esta entrada sin hacer mención de aquellos llamados fenómenos virales de internet. Para ello quisiera proyectar los tres vídeos siguientes. AVISO PARA NAVEGANTES: No es necesario verlos hasta el final.

El primero de los tres vídeos cuenta, en el momento de la redacción de esta entrada, con casi cuatro millones y medio de visualizaciones y en él tan sólo podemos ver a un menor (bien por sus padres) cantando una canción tan corta como estúpida. Llegados a este punto, es mi obligación anticiparme a posibles críticas. Quien diga que Yellow Submarine también es una canción estúpida pero que, al ser de The Beatles tuvo mucho éxito, les diré que sí, es una canción estúpida con una letra estúpida y una melodía totalmente infantil. Si yo compusiera y/o publicara algo así no volvería a salir a la calle en la vida. Es más, para hacer algo así prefiero mantenerme en el anonimato (y, de hecho, es lo que hago). Así pues, creo que tengo cierto criterio para decir que ese vídeo contiene dieciséis segundos de estupidez. ¿Que hace gracia? Bueno, depende de qué clase de humor te guste.

El segundo vídeo cuenta en este momento con 124203 visualizaciones. Aquí podemos ver un ejemplo de lo que podemos denominar como fenómeno “porque yo lo valgo”, es decir, que estamos ante un joven de cultura inexistente, que se pone ante su teléfono móvil y dice lo primero que le pasa por la cabeza (también tengo cierto criterio para ver esta clase de cosas). ¿Cómo puedes mencionar una canción diciendo que no te acuerdas de cómo se llama? Y para el contenido de semejante canción, mejor habría sido no decir nada. ¿En qué se basa, pues, el vídeo? Ni más ni menos que en lo guay que es (o que cree ser) su protagonista.

En este último vídeo podemos ver a una mujer australiana que sabe cantar, que sabe tocar el piano, que ha adquirido unas habilidades, que se ha preparado para hacer algo. Este vídeo tiene poco más de 31000 visitas.

Ahora mi pregunta: ¿Por qué estos dos individuos, que fácilmente podríamos calificar con apelativos que bien nos valdrían una denuncia, tienen una amplia difusión en esta modernidad tan democrática y una artista capaz y preparada tan sólo puede llegar a ese nivel de difusión en sus sueños? ¿Han de tener los tres protagonistas de los tres vídeos la misma consideración?

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Acerca de Franz S. Heiligen

Franz S. Heiligen, pseudónimo de Pako Santos, es licenciado en Filología Clásica por la Universitat de Barcelona. Escritor polifacético donde los haya, rara avis de nuestra fauna ibérica, sabe captar en sus escritos lo absurdo y mezquino de la vida con ese toque jocoso y sarcástico de quien se sabe al margen de la mediocridad de este siglo de las pocas luces. Percibimos en él la herencia de la mítica antigüedad grecolatina, de la que se sirve en su obra de manera espontánea, actualizándola. Pako Santos atenta contra el miope autocomplaciente, contra el maniatado a una realidad -la que intentan hacernos creer "demasiado bonita para ser cierta"-. Es, en definitiva, un joven talento por explotar (en el mejor sentido de la palabra) que ya es autor de un saber hacer propio e intransferible. Núria Alcolea

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