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Antropología avanzada

No hago daño a nadie

En estos tiempos que nos ha tocado vivir existen dos frases, dos argumentos irrebatibles, a los cuales la humanidad se aferra para justificar casi cualquier clase de conducta, siempre y cuando estas conductas no se salgan de los dos parámetros enmarcados en ellas:

Cada uno es libre de hacer lo que quiera

y

No estoy haciendo daño a nadie

Dado que ya escribí hace poco una entrada en la que propuse una reflexión sobre el concepto libertad, no me entretendré en dar más vueltas a este tema. Hablemos, pues, de aquellas personas que “no hacen daño a nadie”, y como primer ejemplo me atrevo a proponer el visionado de los dos siguientes vídeos.

En primer lugar, debo admitir que, por la estética y por la musicación del pequeño reportaje que acabamos de ver, en un principio pensé que se trataba de una especie de campaña publicitaria del tipo “Amo a Laura”, y que los jóvenes, e incluso el fotógrafo ese que no dice nada más que estupideces, tan sólo eran actores, pero no, nada de eso. Un día cualquera, no hace mucho, se me ocurrió pasar por la esquina de Plaça de Catalunya con Passeig de Gràcia (para quien no lo sepa, es el emplazamiento que ocupa la Tienda Apple(1) aquí mencionada) y vi con mis propios ojos la misma congregación (diferentes personas, supongo, pero con aspecto parecido) que aparece en este vídeo.

Bien, partiendo de la base de que llevo ya unos cuantos años tratando con adolescentes, creo que me he ganado el derecho a opinar sobre lo que hemos podido ver en este vídeo y en lo que más adelante veremos. En este primer vídeo, nada más empezar, en 0:08, podemos oír la voz de una joven que dice algo como “si te gusta, bien, y si no, también”. Esta es la frase estereotipada y enlatada típica de quien se cree muy auténtico, pero si tenemos en cuenta que estamos hablando de adolescentes en plena fase de reafirmación de la personalidad, le daremos a esta declaración la importancia que merece, es decir, ninguna. Justo después, en 0:13, alguien dice “nos juntamos aquí porque es como un sitio concreto”. Vamos a ver, ¿se puede saber qué cojones significa esa frase? Un ambulatorio es un sitio concreto, un supermercado es un sitio concreto, hasta mi casa es un sitio concreto. ¿Qué tiene de especial la Tienda Apple para que estos jóvenes se reúnan allí? Lo veremos más adelante. Sigamos. En 0:18 se oye “hablar, ver gente, nos sentamos, no hacemos nada más”. Entonces, ¿qué hacéis allí? La pregunta queda supuestamente respondida en 0:21. “Conectamos con wifi, nos hacemos fotos…”. Aquí tenemos un primer argumento, gorrear el wifi de la tienda. No voy a criticar esa práctica porque, quien más y quien menos, tod@s lo hemos hecho alguna vez, pero, si tenemos en cuenta que muchos establecimientos como bares, bibliotecas o incluso estaciones de tren y parques municipales ofrecen ese servicio, el argumento del wifi queda del todo invalidado.

Tras estos primeros segundos de metraje aparece nuestro amigo el fotógrafo. Sobre sus declaraciones no voy a decir absolutamente nada porque me parecen una sucesión de gilipolleces, una tras otra, sin pies ni cabeza, por parte de alguien que parece una especie de profeta iluminado. Sobre la estética de los feligreses de la Tienda Apple tampoco voy a comentar nada. La estética de cada uno es de cada uno. Lo que sí comentaré es la mentalidad que, muchas veces, acompaña a ciertas estéticas.

Una vez que el fotógrafo ha finalizado su sermón, aparecen dos jóvenes más, el primero dice que “vamos de buen rollo con todo el mundo”. Eso es cierto. Este colectivo nunca ha protagonizado ninguna alteración del orden, por lo que no hay nada que comentar. El segundo de ellos dice que “hablamos entre nosotros, nos reímos, hacemos chistes, en definitiva, vivimos la vida”. Curiosa forma la que tiene este joven africano de vivir la vida, sentarse en la puerta de una tienda a gorrear wifi y a no hacer nada más. Más adelante, en 1:28, podemos encontrar otro de los clichés típicos de la etapa adolescente, “si te gusta ir así, vas a ir así, te da igual lo que te diga la gente”. La siguiente joven declara que “no hay nadie que destaque”. Pues claro, si son tod@s fotocopias. Nuevamente, aparece el fotógrafo espiritual diciendo que “aquí hay algo más, algo más que modas o selfies, algo más profundo”. Al final de esta entrada veremos de qué se trata. Sobre lo de identificar la Tienda Apple con una iglesia y sobre su conclusión, mejor no digo nada.

Veamos ahora el siguiente, que no deja de ser un refrito del anterior con muchos otros, pero que ha aparecido entre las recomendaciones al acabar de visionar el anterior. He creído que podría ser apropiado para esta entrada.

En primer lugar obviaremos al señor AuronPlay y a cualquier otro videobloguero, ya que no necesitan de mis servicios para darse más bombo del que ya tienen. Eso sí, suscribo por experiencia propia las palabras que hacen referencia al coeficiente intelectual de estos individuos. Entremos en faena. A partir de 0:44, vemos a un joven que, con unos modos un tanto agresivos  dice que “nosotros cuando quedamos  lo hacemos en Plaza de Cataluña, no el el Apple Store, el Apple Store no tiene nada que ver”. Pues bien, querido amiguito, hace muchos muchos años, antes de que en Plaza de Cataluña hubiera ninguna Tienda Apple ni ninguna red wifi, yo también fui joven, y cuando quedaba en Plaza de Cataluña lo hacía en un lugar tan concreto como podía ser la puerta de El Corte Inglés. La sutil diferencia entre vosotros y yo es que, después de quedar, yo me iba a otro sitio. En 0:51 aparecen dos jóvenes diciendo que van a la Tienda Apple “a conocer gente, a bailar…”. Vale, pues tal vez deberías saber que en este mundo hay dos clases de personas, los que entran en la Tienda Apple y los que se quedan en la puerta y que los primeros jamás reparan en la existencia de los segundos si no es para justamente después vomitar. El siguiente entrevistado nos habla de los gustos discotequeros de nuestros protagonistas de hoy. Sobre estos gustos, en tanto que son gustos personales, tampoco diré nada. Y por fin llegamos a 1:35, el epicentro de este vídeo. “Yo creo que esto es mejor que estar en una plaza sentados, fumando porros y drogándonos”. Aquí tenemos otro ejemplo más de frase enlatada, de cliché, y tal como pasa con los clichés, raramente comprendido por su emisor. ¿Qué me quieres decir con esto, que tengo que darte las gracias por no estar drogándote? Pues si tanto te apetece corre a pegarte el chute de tu vida, a ver si tenemos suerte y el mundo se libera un poco de su lastre. Y finalmente dice la frase estrella, “yo creo que aquí no hacemos daño a nadie”. Evidentemente no estáis clavando palilos en las uñas de nadie, pero no se trata de eso, se trata de qué hacéis allí. Si avanzamos un poco en el vídeo, podemos encontrar el típico discurso victimista de nadie nos comprende, nos juzgan por nuestro aspecto, pobrecit@s de nosotr@s. No entraré al trapo porque ya he dicho que la estética de cada uno es de cada uno, pero, como he dicho antes, sí que es verdad que estéticas concretas muchas veces van acompañadas por mentalidades concretas. A partir de 2:18 vemos a otro joven que “no fuma, no se droga…”(mis felicitaciones) y que argumenta que “cada uno es como es y cada uno hace lo que le da la gana”, curiosamente el otro argumento típico que he enunciado al principio de esta entrada. Seguimos adelante. “Ahora como le han puesto nombre (swag) a nuesto estilo, nos critican”. Sí, un argumento perfecto, objetivo, contrastado… En fin, sigamos. Del siguiente entrevistado, del que no muestra su cara, no he sido capaz de entender gran cosa de lo que dice, por lo que sólo puedo recomendarle que aprenda a hablar para poder comunicarse correctamente con los demás seres humanos. “Se ríen de nosotros”. Pues claro que se ríen. ¿No véis que hacéis el ridículo toda la puta tarde en la puerta de la Tienda Apple sin entrar? Sobre las discotecas, nada que comentar.

La siguiente protagonista de hoy es una joven bilbaína que encontré en Google tras teclear las palabras Instagram y egocéntrico en el buscador. Antes de entrar en materia, tengo que decir que ni conozco a esta chica ni tengo nada contra ella, y que tan sólo pretendo usar su perfil de Instagram (perfil público, por cierto, o de lo contrario jamás habría tenido acceso a él) para ejemplificar algo que es mucho más común de lo que creemos (aunque eso no significa que esté bien).

https://instagram.com/lauracuevas1309/

A día de la publicación de este artículo, este perfil de Instagram cuenta con 287 entradas, de las cuales me atrevería a decir que más de un 90% largo de estas publicaciones consisten en fotografías, sobre todo autofotos(2), en las cuales la dueña del mencionado perfil posa como una modelo. Está claro que esta joven, al igual que los que hemos visto hasta ahora, tampoco hace daño a nadie y que, además, realiza un perfecto uso de su libertad individual, pero ¿realmente es necesario subir a la web casi 300 fotografías en las que únicamente apareces tú? ¿Acaso quieres ser modelo? En tal caso, entra en una academia y, si te acuestas con las personas adecuadas, tal vez puedas hacer un poco de carrera antes de que las primeras arrugas hagan acto de presencia y te tiren a la basura como si fueras un pañuelo usado. Eso sí, búscate un trabajo para poder vivir de él a partir de los 25. ¿Qué imagen estás dando? “A mí lo que piensen los demás me da igual” me dirás, porque yo sé que eres muy auténtica y que tienes mucha personalidad. “A mí la imagen me da igual” me dirás a continuación. Pero ¿cómo que la imagen te da igual? Si lo único que hay en esta página son imágenes carentes por completo de contenido. “Pues si te molesta, no la mires, nadie te obliga”. Por supuesto que ni me molesta ni nadie me obliga, pero no es esa la cuestión que estoy tratando en esta entrada. Tan sólo intento averiguar por qué un montón de chavales se reúnen en la puerta de la Tienda Apple de la Plaza de Cataluña y por qué los perfiles de las redes sociales están atestados de autofotos en las que sus protagonistas posan cual modelos.

Cierto es que esta mal llamada crisis en la que estamos inmers@s ha producido nuevas conductas sociales. L@s que años atrás podían permitirse hacer botellón en el parque ya no pueden y se ven limitad@s, por motivos estrictamente económicos, a estar en algún sitio sin hacer absolutamente nada. También es cierto que el afloramiento de la multitud de redes sociales que tenemos a mano ha servido para muchas cosas, buenas y malas, entre las cuales está un notabilísmo incremento de la egolatría y del afán de exhibicionismo de las personas. No obstante, la respuesta, o lo que yo creo que es la respuesta, es la siguiente. Bien es sabido que tod@s somos hij@s del tiempo que nos ha tocado vivir. Por ejemplo, la transición de finales de los años 70 dotó a la juventud de aquella época de unas notables conciencias política y social que, por otra parte se han ido desvaneciendo como el humo con el paso de los años. Sea como sea, tampoco es esta la cuestión que quiero tratar hoy. En mi opinión, y reitero que esta es muy válida después de casi una década metido en las aulas de 18 institutos, la palabra que caracteriza (o una de las que caracterizan) a la sociedad actual es aparentar. Todo el mundo sabe que los artículos de la marca Apple no están al alcance de cualquier bolsillo y que el simple hecho de ser usuario de Apple tiene una serie de connotaciones que tod@s conocemos. Cuando vemos a una persona usando un artículo con la marca de la manzana, lo miramos con admiración, con envidia… ¿Por qué, entonces, las puertas de la Tienda Apple están abarrotadas por adolescentes que ni entran, ni mucho menos compran nada, y que además se hacen fotos como si de un monumento se tratara? Pues ni más ni menos que por el mismo motivo por el que una joven anónima cuelga centenares de fotos suyas en una conocida red social. Por un mero afán de aparentar ser algo. ¿De aparentar ser qué? Como suele decir Ana Pastor, suyas son las conclusiones.

(1) Me niego a usar anglicismos del tipo Shopping, o en este caso Apple Store, cuando en castellano ya existen expresiones muy válidas como ir de compras o Tienda Apple. Sí, no soy nada cool, pero mira, tendré que aprender a vivir con ello.

(2) También me niego a usar el anglicismo selfie. La palabra correcta en castellano es autofoto.

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Acerca de Franz S. Heiligen

Franz S. Heiligen, pseudónimo de Pako Santos, es licenciado en Filología Clásica por la Universitat de Barcelona. Escritor polifacético donde los haya, rara avis de nuestra fauna ibérica, sabe captar en sus escritos lo absurdo y mezquino de la vida con ese toque jocoso y sarcástico de quien se sabe al margen de la mediocridad de este siglo de las pocas luces. Percibimos en él la herencia de la mítica antigüedad grecolatina, de la que se sirve en su obra de manera espontánea, actualizándola. Pako Santos atenta contra el miope autocomplaciente, contra el maniatado a una realidad -la que intentan hacernos creer "demasiado bonita para ser cierta"-. Es, en definitiva, un joven talento por explotar (en el mejor sentido de la palabra) que ya es autor de un saber hacer propio e intransferible. Núria Alcolea

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