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Música, Pajas mentales, Política

Apologías

Largo tiempo ha que no visito los andurriales deste mi blog para anotar ninguna de las disquisiciones mentales que refocilan a través de mi desmejorado celebro. Sea como sea, mientras acabo la lectura El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, y antes de que se den por finalizadas las celebraciones del trigésimo quinto aniversario de nuestro segundo golpe de estado, quisiera traer a colación una palabra que últimamente ha estado sonando y sonando en los medios de comunicación. Hablamos del término apología. Como siempre, para empezar, acudiremos a la definición propuesta por la RAE.

Del lat. tardío apologĭa, y este del gr. ἀπολογία apología.

1. f. Discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de alguien o algo.

Y dado que en, estos tiempos tan modernos en los que vivimos, hacer apología de según qué cosas es algo propio de indeseables y gentes de mal vivir, quisiera proponer en la entrada de hoy una muestra de personas muy respetables haciendo apología de cosas que no lo son tanto, y no por eso se les ha tachado de nada, ni mucho menos se les ha encarcelado. No me entretendré en comentar ni valorar el último episodio apologético que ha hecho temblar los cimientos de la sociedad española. Bastante se ha dicho y se ha escrito dobre ello. Tampoco me perderé ni un segundo en responder a toda esa gente que lleva años descalificando ciertos géneros musicales (en concreto el que a mí me gusta), diciendo que fomentan la violencia y estupideces por el estilo. Entremos en materia.

Plato fuerte para empezar. Si bien es cierto que este tema de Loquillo fue publicado en 1987, mucho antes de que la violencia de género tuviera la difusión que hoy tiene, también lo es que su letra es suficientemente explícita como para tomar medidas represivas contra ella.

Sí, este tema del cantautor músico compositor artista cantante venezolano Carlos Baute ya ha aparecido antes en este blog. En aquella ocasión me sirvió para ejemplificar un caso de pseudo-romanticismo patético y ridículo. En esta quisiera añadir el agravante de que el supuesto protagonista del tema está cometiendo un delito de acoso sexual y, por lo tanto, la canción comete apología del mismo.

Esto es la gota que colma el vaso. ¿Qué edad tenían estos individuos cuando popularizaron esta canción? ¿Veinticinco? ¿Treinta? Estaréis de acuerdo conmigo en que la influencia de estos dos señores (por llamarles algo) es enormemente perniciosa para la sociedad. No entiendo cómo puede ser que la justicia no haya tomado medidas en este asunto en el que podemos ver un claro ejemplo de apología de la pederastia.

Las conclusiones que podemos extraer de esta entrada son diversas y variadas. En primer lugar, podemos decir que, de la misma forma que Ortega y Gasset dijo con bastante acierto que yo soy yo y mis circunstancias, una frase o una palabra también tiene un significado y unas circunstancias (lo que en el esquema de la comunicación de Jakobson aparece como contexto), por lo que nunca se debería hacer un juicio de valor sobre una frase sin tener conocimiento de su contexto.

Podemos seguir argumentando que hay una notable diferencia entre decir “la mataré” y matar a alguien en la realidad y sólo esto último constituye un delito. Bueno, vale, lo primero también puede ser delito, pero para discernir si lo es o no necesitaríamos algo tan simple como un mínimo conocimiento del contexto.

Para acabar, diré que las manifestaciones artísticas siempre merecen un punto y aparte. A veces, mientras algunas manifestaciones tan sólo sirven de mero entretenimiento para que los simples humanos pasen sus míserables vidas sin hacer demasiado ruido, otras, en cambio, tienen como objetivo remover las conciencias de aquellos que los presencian, y ello jamas debería ser motivo de denuncia.

Cierro esta entrada con una última reflexión, pero esta no es mía, sino de alguien mucho más competente que yo. Gracias por tu atención.

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Acerca de Franz S. Heiligen

Franz S. Heiligen, pseudónimo de Pako Santos, es licenciado en Filología Clásica por la Universitat de Barcelona. Escritor polifacético donde los haya, rara avis de nuestra fauna ibérica, sabe captar en sus escritos lo absurdo y mezquino de la vida con ese toque jocoso y sarcástico de quien se sabe al margen de la mediocridad de este siglo de las pocas luces. Percibimos en él la herencia de la mítica antigüedad grecolatina, de la que se sirve en su obra de manera espontánea, actualizándola. Pako Santos atenta contra el miope autocomplaciente, contra el maniatado a una realidad -la que intentan hacernos creer "demasiado bonita para ser cierta"-. Es, en definitiva, un joven talento por explotar (en el mejor sentido de la palabra) que ya es autor de un saber hacer propio e intransferible. Núria Alcolea

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