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Antropología avanzada

Empollones

Muchos son los ríos de tinta que el fracaso escolar ha hecho correr en los últimos años. Muchas han sido también las propuestas que, desde diferentes entidades y organismos, se han hecho para tratar de mejorar el rendimiento de los estudiantes del país, sin conseguir el menor atisbo de éxito. En la parte que más me afecta, como profesor de secundaria en Catalunya que soy, parerce ser que a la nueva consellera le ha dado por la formación del profesorado. Mi madre siempre dice que “a todos los tontos les da por algo”, y la formación del profesorado parece haberse convertido en la fijación de nuestra “opusdeíctica” consellera. Pero hoy tampoco voy a darle más vueltas a un tema al que ya se le han dado muchas. Ni a la conversión en entidad privada a la que la escuela pública está siendo sometida, ni tampoco a los recortes, de los que ya se ha hablado mucho. No, yo no tengo nada nuevo que aportar en estos aspectos.

En lo que hoy quisiera centrarme es en cómo la sociedad actual desprecia y margina a todo lo que huele mínimamente a conocimiento. Hoy en día, cualquier ser humano capaz de hablar más de tres minutos sobre un tema concreto y usando un vocabulario mínimamente preciso puede verse expuesto a la más atroz marginación social, aplicándosele una serie de apelativos que no diré en esta entrada pero que seguro que ya están pasando por tu cabeza en este preciso momento. Si bien Platón ya argumentó hace unos cuantos siglos que los filósofos, es decir, aquellos que tienen una cierta preparación, deberían ser los encargados de guiar los pasos de la sociedad, ¿cómo sería esto posible, si la sociedad actual se dedica a estigmatizar a cualquiera que demuestre unas inquietudes diferentes a las que parecen ser las mayoritarias en la población (es decir, fútbol, programas del corazón y cutre-shows)?

Siempre ha habido analfabetos. Ya lo describió de forma muy acertada el señor Quintero en el programa que emite (o emitía) semanalmente en Canal Sur, pero esta ridiculización del intelectual es un fenómeno relativamente nuevo. Tal hecho empezó a finales de los años 80 con la telecomedia “Family Matters”, que llegó a España a principios de los años 90 bajo el título de “Cosas de Casa”. En ella, un personaje calificado como “empollón”, experto en química y caracterizado como un adolescente extravagante y vestido de forma ridícula, sentaba con su aparición en escena las bases de esa “demonización” (con muchas comillas) de los buenos estudiantes que intento demostrar en la entrada de hoy.

Después de esto, muchos otros han sido los ejemplos que han pintado al buen estudiante como un ser ridículo, aburrido, como el ejemplo que de ninguna manera hay que seguir. Podríamos hablar largo y tendido sobre la serie “The Big Bang Theory”, en la que el personaje principal es un físico teórico cuyo síndrome de Asperger lo convierte en un ser sin ninguna capacidad de empatía, con todas las posibilidades cómicas que esta situación puede producir. Esto no significa, evidentemente, que todos los licenciados en ciencias físicas del mundo padezcan de síndrome de Asperger. Sin embargo, el caso más conocido podamos encontrarlo en la serie “Aida”, en la cual uno de los personajes secundarios, que, curiosamente también es un buen estudiante, es retratado como un ser ridículo.

Por si esto no fuera suficiente, en las últimas temporadas de la serie, hizo aparición un personaje perfectamente fotocopiado a partir del mencionado Steve Urkel. Lamentablemente, no he encontrado ningún vídeo con el que ejemplificar esta afirmación, pero sí imágenes.

Germán

No podemos dejar de admitir que el parecido con Steve Urkel es evidente. Por otra parte, queda pendiente una entrada dedicada a otro personaje de esta serie. El dueño del Bar Reynols es un hombre anclado en aquellos tiempos remotos en los que se cantaba el himno nacional al empezar las clases, un personaje que constantemente hace gala de su homofobia y su racismo, pero que está pensado para despertar en los espectadores un cierto sentimiento de cariño.

Y bien, ¿cabe pensar que existe alguna clase de intencionalidad por parte de una televisión privada al emitir una serie poblada por personajes de este tipo? Si leemos las diez estrategias de la manipulación mediática atribuidas al profesor Noam Chomsky, veremos que la octava de ellas consiste en estimular al público a ser complaciente con la mediocridad, esto es, que mediante la emisión por parte de estos medios de comunicación (o tal vez de entretenimiento) de unos ciertos modelos de conducta se puede conseguir que el gran público acepte la idea de que es mucho más divertido ser un ignorante y que, tal como he dicho unas líneas más arriba, el hecho de ser capaz de hablar más de tres minutos sobre un tema concreto y usando un vocabulario mínimamente preciso, es algo propio de frikis y de rayados. Esa es la principal idea que los medios de entretenimiento de masas transmiten a la poblacion, no vaya a ser que a la gente le dé por pensar y…

A día de hoy tenemos una generación de adolescentes y de no tan adolescentes que ha crecido en esta “cultura del entretenimiento”, que ha comido y bebido desde la cuna toda esta serie de modelos de conducta, ya sea en series de televisión, cutre-programas o simplemente en sistemas educativos que premian constantemente al mediocre en detrimento del buen estudiante. Sin ir mas lejos, hace un par de años tuve una alumna de cuarto curso que, una vez acabada la educación secundaria sin mucha dificultad y después de estar de acuerdo todos sus profesores (yo incluido) en que tenía capacidad suficiente para cursar un bachillerato, finalmente decidió matricularse en un ciclo medio de restauración. Cuando le pregunté el porqué de su decisión, su respuesta fue “porque me da palo”. El horizonte es desolador.

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Acerca de Franz S. Heiligen

Franz S. Heiligen, pseudónimo de Pako Santos, es licenciado en Filología Clásica por la Universitat de Barcelona. Escritor polifacético donde los haya, rara avis de nuestra fauna ibérica, sabe captar en sus escritos lo absurdo y mezquino de la vida con ese toque jocoso y sarcástico de quien se sabe al margen de la mediocridad de este siglo de las pocas luces. Percibimos en él la herencia de la mítica antigüedad grecolatina, de la que se sirve en su obra de manera espontánea, actualizándola. Pako Santos atenta contra el miope autocomplaciente, contra el maniatado a una realidad -la que intentan hacernos creer "demasiado bonita para ser cierta"-. Es, en definitiva, un joven talento por explotar (en el mejor sentido de la palabra) que ya es autor de un saber hacer propio e intransferible. Núria Alcolea

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